Historias de rock

La leyenda de “Tanguito”

La sociedad paqueta de Buenos Aires fue invadida durante la segunda mitad de los años 60 por un grupo de muchachos que se dejaban el pelo largo para demostrar que se la bancaban más que los esbirros de la dictadura de Onganía. Era una época turbulenta, signada por el círculo vicioso de la violencia institucional, y en la cual nacieron muchas de las canciones que hoy cantamos cada vez que nos vamos de campamento, al calor del fuego. Era la época de los Beatles, de las drogas, de la píldora anticonceptiva, de los Montoneros, la época donde los jóvenes dejaron de preguntarse “¿qué carajo hacemos acá?” para pasar a la acción. Y como primer semilla de esa identidad rockera argentina que intentaba crear un sonido y un carácter propio cantando rock en español, apareció un muchacho cuyo sobrenombre, “Tanguito”, pareciera remitirnos a la historia de su trágico destino, de su sueño que se encendió en plena Recoleta y se apagó de manera abrupta bajo las ruedas de un tren en la estación de Palermo.

Por la izquierda entre La Cueva y la Perla del Once

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José Alberto Iglesias Correa nació en Caseros el 16 de septiembre de 1945, hijo de un vendedor ambulante y una empleada doméstica. En términos de las expectativas de su época, a los quince años era un desastre: había abandonado la escuela secundaria y, luego de intentar “componerse” haciendo un curso de jardinería y paisajismo en el Jardín Botánico mandó todo a volar para dedicarse a la música. Tocaba la guitarra en las plazas con sus amigos, andaba de divague por los bares, y cada vez que lo dejaban se subía a la tarima a tocar alguna canción.

Su vida de bohemio en sus años de músico transcurrieron entre un reducto que quedaba sobre la Avenida Pueyrredón del barrio de la Recoleta llamado “La Cueva”, un lugar hoy desaparecido que era frecuentado por músicos como Lito Nebbia, Moris, Billy Bond, Miguel Abuelo y Sandro entre otros; y un bar conocido como “La Perla del Once”, al que se llegaba por la Avenida Rivadavia, tal como relata el periodista Pipo Lernoud, “caminando lo más derecho posible hacia la izquierda unas 20 cuadras” desde La Cueva hasta el cruce con Jujuy, por la Plaza Once.

Miguel Grinberg, hoy considerado el gurú de la Generación del 60, organizó por 1966 un ciclo de conciertos en el cual Tanguito tocó temas de Little Richard, Jerry Leiber and Mike Stoller y de Elvis Presley, usando el seudónimo de “Donovan el Protestón”. Otros seudónimos que adoptaría fueron “Ramsés VII”, “Susano Valdez” y “Drago”. A los 17 años ya había formado parte de una banda llamada “Los Dukes”, la cual abandonó para componer sus propias canciones ante una promesa del mánager de Los Gatos, Horacio Martínez, de hacerle grabar un disco en los estudios RCA, proyecto que no llegó a concretarse.

Ed740_W048ifcytqwuvaosawmfrql apodo con el que sus amigos lo conocieron le quedó de tantos pedidos de que bailara tango, género que era muy escuchado en los 60, a lo que él respondía bailando rock. Era un apasionado de la música, y solía ir a la Cueva desde su casa en Caseros con una bolsita con medias y una camisa que sus camaradas de canciones y copas le escondían como una broma. Su personalidad era afable, incluso con los policías que lo detenían en cada allanamiento del bar o en la calle. Tuvo mucha cercanía con el movimiento hippie argentino, al punto de ser convocado el 6 de febrero de 1968 por la revista Primera Plana para participar de un debate con miembros de la Federación Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas, quienes eran muy críticos con los hippies por considerar que su modo de vida constituía una irresponsabilidad social y un riesgo para las “buenas costumbres” de la época. Ante el planteo de que todos pertenecían al “grupo de Tanguito”, éste contestó asombrado: “de repente vos estás en una plaza, con una guitarrita, como he estado yo. Hay 20 personas, agrupadas o no, pero están allí. Yo nunca dije que el grupo es mío, recién ahora me entero de eso”. A pesar de esa cercanía con los hippies, Tanguito se consideraba más bien “beatnik”, filosofía que se hacía evidente en su actitud de melancolía recurrente, su manera de cantar y las medias en red que usaba en el pelo para planchárselo al estilo “beatle”.

“La Balsa” y el naufragio

d740_W048w9mco5k6besg2cj0zxLa parte más fascinante de la leyenda de Tanguito es la composición de la canción “La Balsa”, que muchos no dudan en situar como el primer gran paso del rock argentino. El muchacho se encerraba en el baño de La Perla del Once a tocar y a componer, acaso fascinado con la reverberación que había en ese lugar. De esta manera nacieron los primeros versos de este tema que hablaba de la soledad y de la evasión de una realidad marcada por la represión y el autoritarismo. Litto Nebbia tomó la canción y le añadió letra y música, dándole un aire de bossa nova y grabándola junto con Los Gatos y lanzándola en julio de 1967. El éxito fue rotundo: se vendieron 250 mil copias en menos de un mes. Con las primeras ganancias por sus derechos de autor, Tanguito se compró varias prendas de vestir, un combinado Ranser, varios discos de vinilo (muchos de los que olvidó en un taxi) y dos guitarras acústicas REPISO.

El gran amor de Tanguito, Marcela, quien parece ser más bien un invento, aparece en los relatos de sus amigos, que se niegan a darle un nombre cierto, y parece haber sido la musa inspiradora de muchas de sus canciones. Algunas versiones dicen que la muchacha venía de una familia de clase acomodada y que estudiaba en la universidad, con una rebeldía contra el sistema que tenía un carácter más bien “intelectual”, y que luego de haber estado con Tanguito se habría mudado a Río de Janeiro para volver poco después al país. La relación del músico con las drogas también es objeto de discusión, la versión oficial habla de anfetaminas inyectables, mientras que Mario Rabey, quien trabajaba en el sello Mandioca y conoció personalmente a Tanguito, asegura que las drogas no eran de uso frecuente entre los jóvenes de la época, desmiente la versión de las inyecciones y recuerda que el uso de anfetaminas era habitual entre los estudiantes que intentaban permanecer despiertos mientras leían sus apuntes por las noches.

Luego de la edición del primer LP de Los Gatos, la policía allanó La Cueva y la allanó de manera definitiva. El 21 de septiembre de 1967, en la paqueta plaza San Martín, Pipo Lernoud convocó la primer reunión hippie, que fue cubierto por los medios de comunicación más importantes del país. Tanguito tocó algunas canciones, y fue grabado por las cámaras de televisión: al poco tiempo fue invitado al programa “Sábados Circulares” de Nicolás Mancera, y fue contratado para tocar regularmente para el ciclo televisivo. En enero de 1968 comenzaría a grabar su primer sencillo en los estudios RCA acompañado por la orquesta de Horacio Malvicino bajo el seudónimo de Ramsés VII, pero el disco no tuvo la repercución esperada y el contrato se rompió. Tanguito acudiría entonces al recién formado sello Mandioca, en cuyos estudios de grabación también estuvieron Vox Dei, Manal, Almendra y Moris. Los Manal iban a acompañarlo, pero Tanguito no concurrió a las dos primeras sesiones pactadas. Claudio Gabis, guitarrista de Manal, recuerda que los músicos estaban muy molestos con Tanguito, y que intentaron colaborar con él de la mejor manera pero no pudieron. Finalmente la grabación en los estudios TNT contó con Javier Martínez, cantante de Manal, como único invitado. Ahí grabaron “Natural”, “Amor de Primavera”, “La Balsa”, “Todo el día me pregunto” y otros que fueron incluidos en el disco “Tango”.

La persecución policial sobre Tanguito se intensificó hacia fines de 1970, y fue enviado a la cárcel de Villa Devoto en febrero de 1971. La justicia determinó su internación en la unidad carcelaria del neuropsiquiátrico Borda, destinada a criminales psicópatas, donde fue sometido a brutales sesiones de electroshock. El 19 mayo de 1972 se fugó del hospital y llegó a la estación Pacífico con la intención de llegar a su casa abordando las líneas del tren San Martín. Varias horas después su cuerpo apareció arrollado por el tren sobre el puente que cruza sobre la avenida Santa Fe, y su muerte no fue informada en ninguno de los medios de comunicación de la época. Distintas versiones indican que cayó accidentalmente sobre las vías, y otras señalan que fue empujado del vagón por personas desconocidas.

Tanguito en el cine: “Tango Feroz” (1993)

La ópera prima del director Marcelo Piñeyro apareció más de 20 años después del fallecimiento de Tanguito, en 1993. Aclamada por la crítica, fue rechazada por los músicos que conocieron a José Alberto por considerar que la historia representaba una versión muy distorsionada de la verdadera personalidad del músico de Caseros. La única canción original de Tanguito que se pudo utilizar en el film fue “Amor de Primavera”, interpretada por Ulises Butrón junto con el resto de las canciones de la banda sonora. El elenco fue encabezado por Fernán Mirás y Cecilia Dopazo, junto con la participación del hijo de Moris, Antonio Birabent, quien canta la canción “El Oso” perteneciente a su padre. Los amigos de Tanguito afirmaron que el muchacho era mucho más disipado e incoherente que el personaje interpretado por Mirás. El film fue llevado también al formato de un musical en el Teatro Tabaris bajo la dirección de Ariel Del Mastro en 2013, estreno que revivió la polémica por la autenticidad de composición del personaje de Tanguito.

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