Contaminación por CO2, la verdad

Un equipo de especialistas de Argentina, Perú y España cuantificó las emisiones totales de carbono de establecimientos ganaderos dedicados a la producción de carne de cordero y de lana. Pero, ¿reflejan realmente esta medición los beneficios de la forma extensiva y tradicional de producción en Argentina? El Dr. Pablo Peri, parte del equipo investigador, explicó en qué consistió el trabajo que llevó cerca de nueve años en más de 60 estancias.

Más de 60 estancias fueron estudiadas por más de nueve años para la toma de los datos del estudio.

RIO GRANDE.- El estudio realizado por especialistas de Argentina, Perú y España fue publicado en la revista científica Sustainability. Según sus resultados, a escala regional la huella de carbono total de cordero y lana, que incluye las emisiones producidas en los establecimientos ganaderos, el transporte y el procesamiento industrial, se incrementó de 10,64 a 41,32 kg de CO2-eq/kg para carne de cordero (carcasa) y de 7,83 a 18,70 de kg CO2-eq/kg para lana lavada y peinada.
El artículo tiene a Peri como autor acompañado de Yamina Rosas y Guillermo Martínez Pastur del Laboratorio de Recursos Agroforestales del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), Brenton Ladd, de la Escuela de Agroforestería de Universidad Científica del Sur de Lima –Perú–, Ricardo Díaz-Delgado, de la Estación Biológica de Doñana de Sevilla –España–, la contribución predominante fue la producción primaria en el establecimiento. Fueron 63 los establecimientos ganaderos de la provincia de Santa Cruz seleccionados para el estudio.
Pablo Peri es Dr. en Ciencias de las Plantas, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz del INTA y de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) – CONICET. El investigador además, forma parte de la Agenda Global para la Ganadería Sustentable de la ONU y, desde su lugar, plantea la necesidad de políticas que posicionen los productos nacionales en los mercados.
“La inquietud surge porque ya hay mercados íntimamente relacionados a la exportación de productos en Europa por ejemplo, en el que se insertan los productos. Allí, cuando desde Patagonia queremos exportar cordero o lana, y la gente comienza ya a fijarse en las etiquetas de los productos cuál es el valor de la Huella de Carbono generado en lo que la gente compra”, detalló Peri.
La importancia de este valor a su vez está dada por la relación que tiene con el cambio climático: “Esto es algo que cada vez tiene más peso en las agendas internacionales. Si uno genera menos Huella de Carbono, querría decir que necesitó menos kilos de carbono en la producción, uno de los principales gases del efecto invernadero, por kilo de producto”, explicó el investigador.
Sin embargo, Peri advirtió: “El tema es que, después de hacer esta investigación que nos llevó varios años, porque es a nivel de toda la provincia, incluyendo el transporte la industria lanera y frigoríficos. Realmente, es una unidad de medición que no representa bien, por lo menos lo relacionado al cambio climático. Entonces la idea es un poco debatirlo. Y pensar cómo posicionarnos como patagónicos en este tema”.
Los valores de HC (Huella de Carbono) dan desfavorables con respecto a otros sistemas productivos más intensos, aunque eso, no necesariamente debe ser algo negativo: “Los patagónicos producimos de forma extensiva. El valor de HC en Santa Cruz es fluctuante, pero oscila entre los 10 y 40 kilos de CO2 para producir un kilo de cordero en carcaza”, detalló Peri.

La Huella de Carbono mide la cantidad de CO2 que se utiliza en la producción ovina.


Este número abarca el gasto gasoil en el transporte, de la leña o el carbón para calefacción, respiración del suelo, descomposición de las heces de los animales. Cada variable, se calcula, se suma, se vuelve a dividir, y eso da como resultado el gasto total de CO2, sea para un kilo de lana lavada y peinada, o un kilo de cordero en carcaza. Lugares como Nueva Zelanda, fertilizan, siembran pasturas; y tienen hasta cinco ovejas por hectárea.
“En Santa Cruz, tenemos entre 0,2 y 0,6 animales por hectárea. Dicho de otra forma, necesitamos cinco hectáreas para tener una oveja con sus corderos. Entonces ellos emiten muchos más gases, pero como producen muchos más kilos de carne, se diluye el valor y queda una unidad de Huella de Carbono menor. Nuestro sistema es poco productivo, con un método más tradicional, con menor tecnología. Porque si uno compara cómo producíamos ovejas hace cien años y ahora hubo cambios, pero no son realmente muy significativos. Y eso nos da otras bondades. Nosotros tenemos pastizales naturales, eso favorece a la biodiversidad. En otros lugares se plantan pasturas, como el trébol blanco y otros forrajes, entonces la biodiversidad es casi nula”, indicó el Dr. Peri.
“Lo que nosotros debiéramos hacer es presentar con relación al cambio climático y a la biodiversidad, otro tipo de unidad o de índice que realce esos valores, en lugar de la Huella de Carbono. Esta unidad que se instaló en el mundo no nos beneficia. Además, tampoco representa fielmente lo que se relaciona con el cambio climático, el cuidado del ambiente, y la biodiversidad”, agregó el especialista.
La Huella de Carbono, como unidad de medida, fue creada en Nueva Zelanda hace 15 unos años: “Si tuviéramos que guiarnos por la HC nosotros tendríamos que pasar a regar, fertilizar, sembrar nuestra estepa; que además de ser poco probable de realizar, generaría una mayor emisión de gases. Por lo que tenemos que luchar es por encontrar una unidad de medición que nos posicione en los mercados internacionales. Yo sólo soy un científico, que investiga. Ahora con este conocimiento lo que hay que lograr es generar políticas que lleven nuestra producción a un espacio de competitividad internacional”, concluyó el investigador.