Rosas de Fuego, mujeres que reman por la vida

Las mujeres de Rosas de Fuego practican en Río Grande la disciplina del remo dragón. La actividad probó ser de gran ayuda en la recuperación luego de una cirugía por cáncer mama. Ellas cuentan en esta nota, cómo es remarla cada día por la vida.

Las Mujeres de Rosas de Fuego invitan a pelear contra el cáncer de mama.

RIO GRANDE.- En algo coinciden todas las Rosas de Fuego: es importante superar el miedo. A la muerte primero, a vivir sin uno o los dos pechos y aceptar, sobre todo, que hoy es posible sobrevivirle al cáncer de mama. Los caminos de Sara, Patricia, Cora, y Cristina eran separados hasta que la lucha contra el cáncer de mama, las juntó.
Los diagnósticos llegaron de formas completamente diferentes para cada una: Cristina, que peregrinó por cinco profesionales que le dijeron que no tenía nada. Sara, también se hacía controles de forma periódica, y uno, un día, salió mal. Para Patricia, ya es la segunda batalla que libra contra el cáncer de mama. El diagnóstico de Cora fue un poco más caótico. Ella se hacía los controles cada año, pero tenía una especie de cáncer de mama muy raro, casi indetectable aún con las mamografías: “Yo dormí toda mi vida. Un día, tenía tanto dolor, que no pude. Sentí como algo que me estallaba, un dolor terrible en un pecho. Y ahí pensé ‘esto en cáncer’”, relata Cora.

“El testimonio nuestro es que se puede seguir adelante. Antes por ahí era pensar y padecer, había mujeres que no querían decir qué es lo que tenían”, recalca Patricia, una de las Rosas de Fuego.


“Pero recién me enteré después de la cirugía, porqué era que el cáncer que yo tengo no se veía con claridad en las imágenes. Es como si fuera transparente. Y es muy raro. El médico me confirmó que el cáncer que yo tenía, estaba ahí por lo menos desde hace ocho años. Y eso que yo me hacía los controles, todos los años. Por eso, una de las cosas en las que yo hago mucho hincapié es en el auto examen mamario. Porque es una misma la que más conoce sus lolas, y sos la primera que se va a dar cuenta si hay algo fuera de lo normal, eso yo nunca lo hacía”, agrega la mujer.
Patricia, que tenía la batalla ganada. Ya había pasado por una mastectomía y una cirugía reparadora, pero luego de cuatro meses, empezó a tener síntomas nuevamente: “Imaginate que yo pensé que esto lo tenía superado. Y tuve que insistirle al médico para que me hiciera las pruebas de nuevo, porque me decían que era algo normal del tejido que me habían agregado y demás. Pero acá estoy”, asegura.

Buen ánimo ante todo
Una de las cosas que resaltan las cuatro mujeres es la importancia de desmitificar, ocuparse más que preocuparse, y luchar desde el momento en que se conoce el diagnóstico: “El testimonio nuestro es que se puede seguir adelante. Antes por ahí era pensar y padecer, había mujeres que no querían decir qué es lo que tenían. Y no “tengo cáncer”, tengo que hacerle frente. Hay enfermedades que son terribles, crónicas, dolorosas, como la fibromialgia o la esclerosis múltiple”.
Cora coincide: “Yo voy a decir ‘cáncer’ la cantidad de veces que sea necesario. Porque es como que la gente le tiene terror a la palabra. Porque lo importante del miedo es saber utilizarlo. Si vos dejás que el miedo te domine, fuiste”.
En el recorrido de tratamiento y recuperación, las mujeres aseguran que se cruzaron gran cantidad de personas que tienen cáncer y no quieren asumirlo: “Me tocó hace unos días, asistir al funeral de una vecina, que sentía mal, mal, mal. Y no quería ir al médico. Empeoró rápido, le dolía todo. Bajó de peso, y ahí recién obligada la llevaron al hospital, no duró un día. Tenía tumores, y metástasis. A veces, la gente tiene mucho miedo”, comenta Cristina.

“En el país, hay catorce agrupaciones. Todas se identifican con un lazo color rosa, y tienen en el nombre la palabra rosa, para relacionarla con la lucha contra el cáncer de mama. A nosotras por eso nos tocó llamarnos ‘Rosas de Fuego’”, contó Sara, una de las impulsoras de la agrupación.


“Yo decidí desde del primer momento que no me iba a tapar la cabeza. Uso vinchas finitas, y salgo a la calle. Ando con una sola lola, y si te gusta mirame, y si no, no me mirés”, dice Cora con decisión.
Cora, además es productora radial, y comparte sus experiencias en la lucha contra el cáncer, a través de la página de Facebook ‘Cualquier color menos gris’.

A remarla
La información sobre la disciplina del remo dragón llegó a las mujeres de Rosas de Fuego, a través otro grupo de mujeres, de la provincia de Córdoba. La actividad, probó ser de gran beneficio, por favorecer el drenaje linfático en la zona de las axilas, luego de las cirugías; además de favorecer la generación de endorfinas, y fortalecer los músculos del brazo, que tienden a entumecerse luego de las cirugías.
“En el país, hay catorce agrupaciones. Todas se identifican con un lazo color rosa, y tienen en el nombre la palabra rosa, para relacionarla con la lucha contra el cáncer de mama. A nosotras por eso, nos tocó llamarnos ‘Rosas de Fuego’. Nuestro grupo es muy incipiente, porque somos cuatro recién. Pero la verdad que nos encontramos con Fabián Leiva, presidente del Club Náutico, y una maravillosa persona. Y las chicas del grupo ‘Las viejas del Agua’ además de otros jovencitos que son los que nos han llevado a remar”, cuenta Sara.
Luego de una capacitación a cargo del Club Ioshlelk Oten, se subieron a los botes y empezaron a remar: “Al principio le teníamos un poco de miedo. Pero después hasta hubo algunas que no se querían bajar del bote”, reconoció la mujer.
Hoy, las cuatro mujeres están enfocadas en pelear contra el cáncer, seguir sus tratamientos y favorecer su recuperación lo más que se puedan. Se juntan a remar, a caminar, a merendar, a reír y a veces, también a llorar. Hasta mañana hay posibilidad de colaborar con ellas para la compra de la indumentaria que necesitan para remar, mediante una rifa, que se hará el 15 de febrero.
Las puertas para unirse a las Rosas de Fuego están abiertas: “Lo que nosotras hacemos es también como terapia de apoyo. Lo que deseamos es que otras mujeres también sepan que hay contención, que nos podemos juntar hablar y llorar. Nosotras sabemos lo que está pasando cada una. Y su vez, dar el aliento para no llorar más. Porque hay que darle para adelante, porque la vida sigue, y de esto se sale”, recalcó Patricia.